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José González Tejada, Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abrahán de la Rioja (1702)

 

Libro primero. De la patria dichosa, padres nobilísimos, nacimiento feliz, vida ejemplarísima, milagros en ella prodigiosos, у muerte venturosa de Santo Domingo de la Calzada

Capítulo veinte y cinco

Enferma, y muere Santo Domingo

§. I
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1. Llegó el año de mil ciento y nueve de Cristo, que fue el noventa, y último de la dichosa, y admirable vida de nuestro Santo. Prueba Real de que quiso Dios ponerle muy allá la raya del merecer, y que dispuso próvido, y amoroso, que mereciese Domingo mucha gloria. Pues previendo con su infinita infalible ciencia, que desde que llegase al uso perfecto de la razón, había de ser todo en el merecer, y más merecer, obrando en todo con tal perfección, que acumulaba méritos a méritos, y era un continuo merecer, más, y más gloria su vida perfectísima toda, quiso que llegase su santísima vida hasta los noventa años, manteniéndole hasta ese tiempo la vida con especial cuidado la omnipotencia. ¡Oh qué amor tan [155] tan especial de Dios para con Domingo nuestro Patrón Santo! Pues quien tanto premio quiere que merezca, y para que lo pueda merecer, le da tanto tiempo; bien manifiesta el amor grande que le tiene. ¡Pero qué amante le corresponde a Dios Domingo! Pues cuantos favores continuados, y muchos recibe de sus Divinas manos, todos los emplea en su amor, agradecido, y fino correspondiente; pues con todo le sirve rendido, con todo le ama inflamado.

2. Y bien dije, que vivió mi Santo hasta los noventa años, manteniéndole hasta ese tiempo la vida con especial cuidado la Omnipotencia. Porque a mi ver, fue necesaria la Divina manutención, para que antes no perdiera la vida, exhalándose necesariamente su ardiente Caridad: Que si la rosa que más huele, dice Clemente Alejandrino, (A) que es la que más presto pierde la vida, porque como se comunica el olor por exhalación, la que más respira, es la que expira más aprisa; la que exhala más fragancia, es la que primero se exhala a sí misma; y la que más huele, despide más espíritus puros de sí, y deja más presto marchito aquel hermoso circo: exhalándose tanto Domingo en Caridad ardiente, despidiendo de sí tanta fragancia, tan suave olor de virtudes ejemplarísimas, y tantos espíritus de calor divino, necesariamente se le había de evaporizar la vida brevemente, si Dios con cuidado especial no le conservara para bien de tantos, y para mayor gloria de su Santo Nombre.

(A) Clem. Alexand. lib. 2. Pedag. cap. 8. Cum enim secundum naturam odor sursum emittatur, & exhaletur, &c.

§. II

1. El Cardenal Baronio, dice, (A) que Molano, y Trujillo afirman, que nuestro Santo murió cerca de los años mil y sesenta. Y es así, que llevan esta opinión estos dos Autores, en lo que de nuestro Santo escriben; pero sin fundamento. Lo primero, porque todos los demás Autores, que hablan de nuestro Santo, afirman, que murió año de mil ciento y nueve. Lo segundo, porque como hemos probado ya en el cap. 8, San Gregorio Ostiense, vino a España por los años de mil y treinta y ocho, o mil y treinta y nueve: con este Santo Prelado anduvo nuestro Santo cinco años siendo su Discípulo: después hizo nuestro Santo las referidas obras en la Calzada, en que tardó cinco años, y acabadas ellas, vivió en el mismo sitio de la Calzada, y en su Hospital sesenta años, como todo lo dejamos averiguado con muchos Autores: Juntos todos estos años, que son setenta, con treinta y nueve, ¿no hacen ciento y nueve? Así es: Luego murió el año de mil ciento y nueve, y no el de mil y sesenta: Supuesto, que desde el año mil y treinta y nueve, halla el de mil y sesenta, solos van veinte y un años y no los setenta, que se prueba vivió Santo Domingo desde que San Gregorio vino a España.

2. Más. Porque todos asientan en que Santo Domingo de Silos visitó a nuestro Santo, cuando estaba fabricando el Puente, como ya vimos, y que esto sucedió en el año de mil y cuarenta y cinco. Luego si Santo Domingo estuvo en este sitio, lo que tardó a acabar las demás obras, y después [156] otros sesenta años, no pudo morir el año de mil y sesenta. Más: porque Mariana (B) dice con otros muchos Autores, que nuestro Santo vivió en la Calzada en el tiempo que Reinaba en Castilla Don Alonso Sexto, y este Rey empezó a Reinar en Castilla por muerte de su hermano Don Sancho el Bravo en el año de Cristo mil y setenta y seis, como todas las Historias inconcusamente lo asientan, y murió en el año mil ciento y nueve, llorando su muerte hasta las piedras insensibles de San Isidro de León, con admiración de todos. Luego no murió el Santo en el año de mil y sesenta, que fue diez y seis años antes que Don Alonso el Sexto empezase a Reinar en Castilla. De que es concluyente prueba lo que dejamos dicho en el cap. 20, pues consta por escritura pública, que permanece en el Archivo de nuestra Iglesia, original en pergamino, que el dicho Rey D. Alonso Sexto le dio a nuestro Santo el sitio en que fundó la Iglesia del Salvador, y ambos pusieron la primera piedra. Luego pasado el año mil y setenta, vivía el Santo, y hacía obras en la Calzada. Y también por los años mil y ochenta y siete, y mil y ochenta y ocho, en que hizo donaciones a San Millán, y Valvanera, como vimos, y en los de mil y noventa, hasta mil y noventa y ocho, en que reparó los Puentes desde Logroño a Santiago de Galicia, y empezó la Iglesia del Salvador, y en el de mil ciento y cinco, y mil ciento y seis, en que se acabó la fabrica de dicha Iglesia, y la Consagró el Obispo Don Pedro de Calahorra, y Nájera, a ruego de nuestro Santo, como dejamos visto en los capítulos antecedentes. Luego su muerte fue por el año mil ciento y nueve, como afirman todos los Autores, y Breviarios, menos los dos Escritores referidos, que Cesar Baronio solo el sentir dice destos dos, poniéndolo así en sus notas, sin decir la sentencia que se sigue, y si llevó la de haber muerto nuestro Santo por los años mil y sesenta, sería por haberlo hallado así en Trujillo, y Molano, sin querer ponerse a averiguarlo: Pero todos los Breviarios que hemos referido, lo afirman, y todos los demás Escritores, que hablan de nuestro Santo, lo llevan sin controversia alguna.

(A) Baron. in not. ad Mart die 12. Maii.

(B) Marian. lib. 10. cap. 7.

§. III

1. Al principio del mes de Mayo de dicho año mil ciento y nueve de Cristo, empezó Santo Domingo a sentirse achacoso, y aunque con certeza no se dice cual fue la enfermedad que le dio, es de parecer Fray Luis de la Vega, (A) que fue una fiebre aguda. Dicho se estaba, que había de morir de fiebre ardiente, quien tanto ardía en el amor de Dios, y del Prójimo, que como alimentado toda su vida con el fuego de la Caridad la materia se hallaba muy dispuesta, para que se introdujera el fuego de la fiebre.

2. A pocos días cobró el accidente tanta fuerza, que empezó el peligro a manifestarse; con cuya noticia los circunvecinos Pueblos, desolados acudían a verle, y ellos, y los Discípulos del Santo estaban de pena, sin vida. ¡Oh, qué castigo, decían, tan sin medida nos envía Dios por nuestros pecados! Si su Majestad Soberana nos quita a Domingo, ¿qué será de nosotros? ¡Oh, como dicen bien! Que así lo sentía San Ambrosio, de quien se lee, [157] que lloraba mucho la muerte de cualquiera Santo, porque valen los que lo son mucho a la tierra, en que habitan, ya para la enseñanza, ya para el buen ejemplo, y ya para templar con sus eficaces ruegos las iras que le ocasionan a Dios los pecados. Y como se hallan pocos Justos en todas partes, debe sentirse mucho su ausencia: Lloren, pues, lloren muy de corazón sus Discípulos, sus devotos, y la Rioja toda, viendo a su Patrón en tan evidente peligro de muerte.

3. Pero no, no lloren, que la buena muerte no se debe llorar, sino celebrarse con júbilos, porque es fin preciso de trabajos, y principio infalible de premios eternos; y la de Domingo no podía dejar de ser buena, porque lo fue mucho su vida, y es eco de la vida la muerte. Fuera de que la muerte prevenida, siempre fue buena, y la previno tanto nuestro Santo, que se dispuso Sepulcro siete años antes, como vimos.

4. No la lloren, que no ha de ser amarga, como pinta la de muchos el Eclesiástico; (B) antes bien será muy dulce, y suave, que habiendo sido su vida una continua Caridad, una incesable asistencia a los necesitados, tendrá sin duda la muerte mas dichosa. Por eso dijo David, cantándolo a su harpa gustoso, que (C) quien sirve a los Pobres, atendiendo a su remedio, y entendiendo solo en solicitárselo aún desde el trance riguroso de su muerte, dichoso, empieza a ser bienaventurado, porque le libra Dios en pago de su gran Caridad de los terrores de la muerte. Y si ninguno se desveló más que Domingo en la asistencia de los necesitados, ninguno podrá temer menos la horribilidad de la muerte.

5. No lloren, que su muerte dichosa, es para tener perpetuo descanso sus afines. No perderá María lo que ha escogido, decía nuestro Redentor, mirando a sus pies, a la Magdalena. (D) Porque en la conversación eligió Magdalena con Cristo la contemplación celestial, y esta con la vida eterna se enlaza. Luego a Marta (dice Agustín) que es el extremo de la contraposición que aquí hace Cristo, se le quitará lo que ha escogido, el cuidado de servir, que es la vida activa. Si (dice el Santo) porque lo que eligió, fue trabajar por Dios, padecer, y servir; y esto se acabará todo en la muerte para lograr gustosa, y descansada vida. La vida contemplativa, y activa, representadas en María, y Marta, en pocos se hallaron con la gran perfección que en Domingo, como hemos visto. La vida contemplativa, la grande asistencia con Dios en la oración, esa eslabonarase con la vida eterna en su muerte, porque se continuará con la visión beatífica. Pero la activa, la llena de trabajos, de penitencias, de asistencias cuidadosas, y desveladas a los Peregrinos, esa se acabará con su dichosa muerte, y empezará un descanso sempiterno.

6. No lloren finalmente, si porque se les ausenta su consuelo lloran, que desde el Cielo que le aguarda, podrá favorecerlos más incomparablemente. Y no teman no, que lo eche en olvido, porque se deja su corazón en su Hospital, y en la Provincia Riojana, que no sólo le dio los primeros alientos de la vida, pero le veneró mucho, le ayudó con grandes limosnas para sus obras, y le ha de tener por Patrón, y Domingo por Santo, por Noble, y por discreto, no puede dejar de ser agradecido. [158]

(A) Veg. Hist. de Santo Doming. part. I, cap. 23.

(B) Ecclesiast. 41, v. 1, O mors, quam amara, est memoria tua!

(C) Psalm. 40. Beatus vir qui intelligit super egenum, & pauperem: in die mala liberabit eum Dominus.

(D) Luc. 10. Optimam partem eligit sibi Maria, quae non auferetur ab ea in eternum.
Aug. Serm. 27. de verb. Domin. A te autem Martha, quod elegisti, auscretur, ut quod melius est, detur. Auseretur enim a te labor, ut requies detur.

§. IV

1. Cada día después que enfermó el Santo, iban creciendo la fiebre, y sus accidentes, que como estaba tan gastado con los ayunos, y extraordinarias penitencias de tantos años, tuvieron que hacer poco. Y como ardía tanto en su corazón la llama del amor Divino, estaba muy dispuesta la materia para el fuego de la calentura: llevaba Domingo los accidentes de la enfermedad con increíble paciencia, y serenidad de ánimo. Fue siempre su mayor regalo el padecer, no lo extraño. Y conociendo, que ya se llegaba la hora dichosa en que había de empezar a gozar de Dios, se alegraba mucho sin poder disimular el contentos; y decía con el Apóstol de las Gentes: (A) ¡Oh, como ansioso deseo ya morir para vivir con Cristo!

2. Llegábase ya el día de su partida dichosa, de su fin felicísimo, y reconociéndolo así el Santo, pidió le administrasen los Santos Sacramentos de la Confesión, Comunión por Viático, y Extrema-Unción: socorros, que para nuestra mayor necesidad nos dejó nuestro Divino Redentor. Recibiólos el Santo con mucha devoción, y copiosas lágrimas. ¿Qué deberá hacer Santo mío quien ha ofendido a Dios, cuando vos que tanto le habéis servido lloráis tanto? Rogóle muy de corazón al Sacramentado Dios con palabras bien tiernas, mirase con los ojos de su infinita piedad aquella Iglesia, que le había dedicado; taller de tantos grandes hijos de su Romana Iglesia: aquel Hospital, que con su ayuda Soberana dejaba fundado para socorro, y alivio de los Pobres: aquella devota, y pobre familia, que para el servicio de Iglesia, y Hospital dejaba: y a la Ciudad nobilísima, que en aquel sitio había de fundarse.

3. Hecha esta santa precisa diligencia, llamó a sus queridos Discípulos, y viéndolos tan desconsolados, trató de confortarlos con aquellas dulces palabras, que también sabía formar su discreción santa. Ea, hijos (les decía como el gran Caudillo Moisés a Josué, sucesor suyo, en lance semejante) (B) confortad, confortad el corazón, y sea la tolerancia absoluta. No sintáis, no mi muerte, que yo con el favor Divino voy a lograr dichoso la soberana bienaventuranza; y si vosotros quedáis sin mí, Dios queda con vosotros, que es la verdadera feliz compañía, y el mayor consuelo.

4. Consideremos hermanos amados una, y muchas veces, que los que nos hemos dedicado a servir a Dios, ya sea por la contemplación, ya sea por la asistencia de sus Pobres, hemos renunciado el Mundo, y sus vanas pompas; y fuera volver atrás el poner los ojos en las cosas del Mundo. En el Norte solo hemos de ponerlos, que nos ha de guiar a salvamento por el mar proceloso del Mundo. Nuestra Patria es la gloria: el viento próspero, que a ella guía nuestra navecilla, son las buenas obras; sean, pues, las obras buenas nuestro único cuidado.

5. Cuidadme mucho hijos míos de los Pobres enfermos, que la piedad que se usa con ellos, es muy del agrado de nuestro Dios piadoso. Solicitad mucho, por quien Dios es el socorro de los necesitados Pasajeros, de los Peregrinos menesterosos, recibiendo gustosos, con benignidad, y agrado a los que llegaren a este Hospital, dándoles en él cuidadosos, lo que para este fin os ministrará la piedad Católica de los Fieles, como me habéis visto a mi [159] ejecutarlo, que así lo enseña San Cipriano (C) Mártir, y quisiera yo mucho, que así lo ejecutarais, como el Santo lo enseña.

6. Amad mucho a los Peregrinos, que así nos lo manda Dios en el Deuteronomio, (D) porque gusta mucho de que lo ejecutemos así, y más en este sitio, por quien pasan tantos a visitar devotos el Santo Cuerpo de nuestro Apóstol, y Patrón Santiago. Oíd lo que os dice el Espíritu Santo: (E) Hijos míos, no malbaratéis la limosna del Pobre, gastando lo que hay para él en el Hospital en otros efectos. Cuando a pediros llegare el menesteroso no le despreciéis, que viene Cristo en él encubierto. Ni le respondáis con aspereza, doblando con ello las aflicciones de su necesidad. No despreciéis el ruego del necesitado. No le volváis el rostro. Mirad, que si les dais ocasión a que os maldigan, que los oirá Dios, y descargará contra vosotros un grande castigo. Y si acaso ellos, indiscretos, dieren alguna ocasión a vuestro enojo, como lo han hecho conmigo muchas veces, no por eso habéis de apartar de ellos los ojos, ni dejar de servirlos; antes bien, asistiéndolos con más cariño, habéis de procurar enmendarlos. Y si con esto no lo consiguiereis, habréis cumplido con vuestra obligación Cristiana, y Dios les castigará su desacierto.

7. Reine por un solo Dios en vosotros la Caridad fraterna, sin faltar jamás a la Hospitalidad, que es lo que decía San Pablo a los Hebreos. (F) Amad mucho a Dios, que su infinita bondad merece mucho, ser amada, y sería muy desagradecido quien no le amara muy de corazón, cuando su Divina voluntad tanto nos ama.

8. Yo no os dejo rentas, heredades, juros, ni haciendas, para que sustentéis a los Pobres; mas os dejo ese Hospital, para que los recibáis en él caritativos, y a ellos mismos, que vendrán a recibir de vuestras manos el beneficio; os dejo, у os queda seguro con eso el que nunca os falte que darles, porque cuidará de que lo tengáis la Divina Providencia, teniendo mas que repartir, cuanto más Pobres tengáis en esta Casa. Así me ha sucedido a mi, como lo habéis visto; y así espero yo que os ha de suceder a vosotros. Caridad, Caridad, hijos míos con Dios, y con sus Pobres.

9. Continuamente les repetía estas palabras en todos los días de su enfermedad; y con especialidad en el día 12 de Mayo, en el cual, habiendo llegado la última dichosa hora de su vida maravillosa, puestos en el Cielo los ojos, habiendo primero abrazado a sus amados Discípulos, y echándoles cariñoso su bendición Paternal, entregó su felicísimo Espíritu en las manos de Dios, y de sus Santos Ángeles, que le llevaron a gozar eterna Gloria.

10. O como el Redentor Divino le diría: Ven querido de mi Eterno Padre: Ven a gozar la Gloria, que te está prevenida, pues tantas veces en mis Pobres me saciaste la hambre, me mitigaste la sed, me aliviase el cansancio, y me socorriste todas mis necesidades, y aflicciones. (G) Y como por mandado de Dios le llevarían gustosos los Ángeles a la Gloria, para que en ella gozase para siempre la mucha felicidad en la preferencia de Dios, que sus heroicas obras le habían merecido.

11. Murió al Mundo para vivir felicísimo con Dios, a doce días del mes de Mayo, del año de Cristo mil ciento y nueve: [160] En buena senectud, en edad provecta, y llena de muchos, bien gastados días, (H) como dijo del Patriarca Abrahán, su Prototipo, la Historia Sagrada: (I) Pues murió de noventa años de edad, que es número de grande perfección; porque ese número tuvo de Codos en longitud el Templo de Salomón, que como dijo Laureto, significa el estado más perfecto, (L) para que se manifieste, cuan sumamente perfecto es nuestro Santo cuando muere. Era muy agraciada su disposición natural, de aspecto muy venerable, de lindo rostro, y facciones, blanco, rojo, de procera estatura, que sobre ser muy discreto, y de condición muy afable, son prendas, que le hacen grande en todo. Y así quedó agraciadísimo su Santo Cuerpo, y rostro, aun después de haberle faltado la temporal vida. Con que se robaba en el féretro la devoción, los cariños, y los corazones de todos los que le veían rebosar tanta gloria: Besándole todos los pies con filial amor, y respeto.

(A) Ad Philipens. I, v. 23. Desiderium habens disolui, & esse cum Christo.

(B) Deuteron. 3, v. 7. Vocavit Moises Iosue, & dixit ad eum: confortare, & esto robustus.

(C) S. Cipr. Ep. lib. 3. Epist. 24, fol. 156. Infirmorum, & omnium pauperum, sed, & Peregrinis, si qui indigentes fuerint, suggeretis de quantitate mea propia.

(D) Deut. 10, v. 19. Et vos amate Peregrinos.

(E) Eccl. 4, v. 1. Fili, elemosynam pauperis ne defraudes.

(F) Ad Hebr. 13. Charitas fraternitatis maneat in vobis, & Hospitalitatem nolite oblivisci.

(G) Matth. 25, v. 35. Esurivi, & dedisti mihi manducare: si tibi, & dedisti mihi bibere: hospes eram, & collegistis me.

(H) Leg. Astur. lect. 8. Idibus Maii anno Domini M.C.IX. Multis plenus meritis, gloriosus migravit a saeculo, ad Dominum.

(I) Gen. 25. Mortuus est in senectute bona, provectaeque etatis, & plenus dierum.

(L) Lauret. Alegor. fol. 647. Nonaginta cubita longitudinis Templi, perfectiorem statum designant.
Vide bibar in Bran. fol. 23. in fine.

§. V

1. Muerto Domingo, trataron de dar a su Santo Cuerpo sepultura sus Discípulos, acompañados de muchos Fieles de los circunvecinos Pueblos, y de muchísimos Peregrinos, y Pasajeros, a quienes detuvo en la Calzada el suceso: Todos desechos en lágrimas, anegados todos en sollozos. No hay que extrañar su mucho sentimiento, que es la pérdida grande, y aunque le consideran en mejor vida, y pueden discurrir, que ha de favorecerlos más, desde la Gloria; tras de todo, el ver, que de su presencia se aparta, es poderoso torcedor en sus corazones afligidos, no hallando consuelo su pena.

2. Eclesiásticos, y Seglares eran los que asistían a su muerte, y entierro: Hijos, por la doctrina de este Abrahán Riojano, figurando a los dos hijos del Patriarca Abrahán, Isaac, y Ismael, que asistieron a la muerte, y entierro del Patriarca su padre. (A) De quienes el primero, dice Laureto, (B) que significa a los Sacerdotes, y a los Seglares el segundo.

3. Enterraron Isaac, y Ismael a su Padre Abrahán en el Sepulcro, que muchos años antes había prevenido el Patriarca para este efecto, en el Campo de Ephron, que estaba en la Región de Mambré. (C) Y los hijos de Domingo, con todos los muchos Fieles que a su muerte se hallaron, enterraron el Santo Cuerpo, el precioso Cadáver con la mayor pompa funeral, con la más crecida devoción, y ternura, en este Campo de la Calzada, Mambré Riojano, como ya probamos, y en el Sepulcro, que siete años antes había dispuesto (D) próvido el Santo: En el cual está hoy venerado de todos los Fieles, sin haberlo sacado jamás de él, ni parte alguna de sus Reliquias preciosísimas. En él descansa, y desde él asiste a su Santa Iglesia, a su Nobilísima Ciudad, hijas suyas, a la florentísima Provincia de la Rioja, su Patria, a los Reinos Católicos de nuestro gran Monarca Don Felipe Quinto (Dios le guarde) Rey de las Españas, y Emperador de la América, a todos sus devotos, que son innumerables, en diversas Provincias, y Reinos, y a los Cristianos todos, pidiendo por todos al Soberano Divino Dueño, [161] en cuya presencia vive, y de quien se halla tan favorecido. Que por la Sagrada intercesión de este Santo tan grande, ha obrado, y obra la suma Omnipotencia los muchos milagros, que hemos referido, y diremos en el discurso de esta obra, que son una parte muy corta de los que han sucedido, entregándose al olvido por el poco cuidado otros muchísimos: los que se han publicado con la noticia esparcida por el Mundo en alas de la fama, traen, y han traído gustosos a innumerables Fieles de toda la Cristiandad a visitar su Santo Sepulcro, y encomendarse a este prodigio de Virtudes, siendo su Hospital el más frecuentado de los Peregrinos de las Naciones todas.

4. Doy fin a este Libro Primero con las palabras con que San Braulio, Arzobispo admirable de Zaragoza, concluyó la Historia que escribió del grande San Millán de la Cogolla. (E) Vale, vale glorioso Santo mío; y pues ya te hallas libre de las penalidades, que cercan a nuestra mortal vida, y en compañía de los Angeles, y Santos, gozas de la Divina presencia, Reinando con Dios en la Gloria: Acuérdate de este humilde, corto Historiador de tus Proezas. Ayúdame con tus piadosos eficaces ruedos a lograr de la Soberana Piedad el perdón de mis culpas, enmienda de mis defectos, y buena muerte. Que si bien este corto servicio, que te ofrezco, no merece remuneración; espero le reciba tu agrado, perdonando mis faltas; pues conoces el buen deseo de servirte, que me mueve, y que tu Patrocinio, muy como de Padre, ha de ser siempre muy propicio para mi tu indigno hijo.

(A) Gen. 25, v. 9. Et sepelierunt eum Isaac, & Ismael, filii sui.

(B) Lauret. Aleg. Verb. Isaac, & Verbo Ismael.

(C) Gen. 25, v. 9. Et sepelierunt filii sui, in spelunca, quae sita est in agro Ephron, e regione Mambrè.

(D) Legend. Asturic. lect. 8. Cuius Corpus gloriosum, devota eius familia, in tumba, quam ipse sibi paraverat, honorifice, tumulavit.

(E) S. Braul. in vita S. Aemiliani, §. 27. Apud Sand. Hist. S. Aemil. fol. 9. Vale, vale, &c.

(José González Tejada, Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abrahán de la Rioja, Madrid 1702, páginas 154-161.)

 
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