logo Fundación Gustavo BuenoFundación Gustavo Bueno

 
SDCMMXIX

José González Tejada, Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abrahán de la Rioja (1702)

 

Aprobación del R. P. Fr. Mateo de Anguiano, Predicador, y varias veces Guardián, y Secretario de la Provincia de Castilla de Menores Capuchinos

М. P. S.

Por comisión de V. A. he visto, y atentamente registrado la Historia intitulada: El Abrahán de la Rioja Santo Domingo de la Calzada, escrita por el Doctor Don José González de Tejada, Canónigo de la Santa Iglesia de Toledo, Examinados de su Arzobispado; y antes (siendo Magistral de la Calzada) Electo Obispo de Durango, en la Nueva Vizcaya. Sus prendas son notorias, y sus letras acreditadas, no sólo en la Cátedra, sino también en el Púlpito; y de uno, y otro son abonados testigos su Colegio Mayor de Santa Cruz, la Universidad de Valladolid, y las Santas Iglesias de Palencia, y de la Calzada, y la Primada de España, donde al presente se halla. La Obra, sobre ser erudita, es piadosa, y de edificación a los Lectores. No tiene cosa, que sea contra nuestra Santa Fe, y buenas costumbres. Así lo siento, salvo, &c. Y habiendo cumplido hasta aquí con el orden de V. A. y con el oficio de Censor, no excuso lograr la ocasión, y acompañar al Autor con este breve discurso, a fuer de devoto del Santo, y natural de su País.

Muchos han tratado del Glorioso Santo Domingo de la Calzada; mas no por eso es menos apreciable esta Obra, ni menos necesaria. Porque en cuantos Autores he visto, echo algo menos de su verdadera Historia: y por eso ha sido necesario, que se escriba, y con previsión de los varios sentires de los Autores antiguos, y modernos: pues unos defectuaban en unas circunstancias, y otros en otras. Y de aquí resulta, quedar en opinamentos la verdad de la Historia de uno de los más esclarecidos Santos de nuestra España, y de vida más ejemplar, y portentosa en milagros, y maravillas. Con el tiempo, que todo lo altera, y desfigura, {Baron. in praefactione ad Martyrolog. Roman. cap. 2. per totum, fol. 2.} han padecido grandes mutaciones las Leyendas de los Santos muy antiguos, en varias circunstancias: y era ya tanto el desorden cuando se celebró el Santo Concilio de Trento, que se discurrió en él acerca de la reformación del Breviario Romano; Misal, y Calendario. Pero los muchos, y gravísimos negocios, que ocurrieron entonces, no dieron lugar a más: y así se remitió su reformación a la diligencia del Romano Pontífice, y la logró a medida del común deseo de la Iglesia el Santísimo Pastor San Pío V, como todo consta de su Bula: Quod a nobis postulat ratio Pastoralii officii. Dada en Roma en San Pedro a 15 de Julio de 1568 en el año tercero de su Pontificado. {Brev. Roman. in princ.} Entre otras causas, que se leen en esta Constitución Apostólica, dice este Santísimo Pontífice, que se mueve a hacer la presente reformación por los siguientes motivos: Alii enim praeclaram veteris Breviarii Constitutionem multis locis mutilatam, alii in certis, & alienis quibusdam commutatam, deformarunt, &c. [xiv]

Pero ¿quien dijera que negocio tan grave, y tan exactamente dispuesto, y por tan insigne Pontífice había de padecer en lo futuro alteración? {Baron. ubi sup. cap. 3, fol. 3. per totum.} Así es, pero el tiempo, la ignorancia, la inadvertencia y la malicia se dieron tanta prisa a desfigurar el buen orden establecido, que fue necesaria nueva reforma en el Pontificado del Papa Clemente VIII, {Brev. Roman. in princ.} como consta de su Constitución: Cum in Ecclesia Catholica: Dada en San Marcos de Roma a 10 de Mayo de 1611, en el undécimo de su Pontificado. Con esta nueva reforma, parece se cerrarían las puertas a todo desorden, mas no fue así, porque la Santidad de Urbano VIII tuvo necesidad de hacer otra, como se ve en su Constitución: Divinam psalmodiam: Dada en San Pedro de Roma a 25 de Enero del año de 1631, en el octavo de su Pontificado. Y en fin, desde entonces apenas ha habido Sumo Pontífice, que haya dejado de tener algo, que reformar en lo tocante al Breviario, y Leyendas de los Santos, {Brev. Roman. in princ.} porque incesantemente pugnan contra el orden el desorden; y contra la verdad, el olvido, la ignorancia, la inadvertencia, y la malicia; y siempre contra todo lo bueno, y santo el común adversario del genero humano, sembrando su cizaña para confundirlo, y perderlo todo, {S. Petrus Chrus. serm. 96. ad illa verb. super seminavit cizania in medio tritici.} como dice San Pedro Crisólogo: Quia diabolus haereses inter fideles: inter Sanctos, peccatum: inter pacificos, lites: inter simplices, dolos: inter innocentes, nequitiam gratis serere consuevit. Non ut acquirat zizania, sed ut triticum perdat; nec ut reos capiat, sed ut adimat innocentes. Tirando ante todas cosas sus primeros golpes, para lograr sus astucias, a confundir la verdad: coma lo hizo con nuestros primeros Padres en el Paraíso Terrenal {Genes. cap. 3.}, cuando les dijo: Nequaquam moriemini. Eritis sicut Dii, &c. Porque confundida ella, fácilmente se introduce el error, el engaño y la falsedad.

A vista de lo dicho, se deja conocer la utilidad, que resulta de esta Obra, con tanto estudio trabajada: pues con su verdad, y claridad, se desvanecen las opiniones de los Autores, que con muy ligeros fundamentos publican a nuestro Santo Italiano, siendo Español: de Calabria, siendo de Cantabria: de Victoria, siendo de Villoria: de Calzada en la Extremadura, siendo de Villoria de la Rioja: Monje Benedictino, o Donado suyo, habiendo sido Ermitaño, desde que se retiró a servir a Dios en el Yermo de la Bureba, hasta que pasó de esta vida a la eterna, y bienaventurada, como con graves razones, y fundamentos lo prueba Don Juan Tamayo Salazar en su Martirologio Hispánico {D. Juan Tamayo Salazar en el tom. 3, a 12 de Mayo.}, y se colige del rezo nuevamente reformado por la Santidad de Alejandro VII el año de 1658, cuya autoridad es preferida a la de todos los Autores, y Legendarios antiguos, en quienes no hay conformidad ordinariamente, sino gran diversidad, como se colige de los Autores, que los han registrado, {Baronio ubi supr. cap. 8, fol. 10. Morales 3 part. lib. 14, cap. 21, & lib. 13, cap. 44, & alii.} y varias veces cotejado; no obstante, que siempre son apreciables, y venerables, así por su ancianidad, como porque nos aseguran de lo principal, que es la Santidad: Y porque se halla en unos, lo que falta en otros; y dicho con acierto, lo que en otros no tiene fundamento sólido. Y de aquí es, que no tiene fuerza, ni firmeza el argumento, o prueba, que se toma únicamente de algún Legendario antiguo, o escritura de Archivo, por muy antiguo que sea; si juntamente no concuerdan las demás circunstancias, que deben concurrir para afianzar la verdad de las cosas, y sucesos, que se refieren. A cuya causa es digna [xv] de atención aquella discretísima sentencia del Apóstol: Omnia probate, quod bonum est tenete. Y con alusión a ella (hablando de todos Archivos) {1. ad Thesal. cap. 5, vers. 21.} dice el Maestro Yepes, Cronista insigne de la Sagrada Religión Benedictina (como tan versado en registrarlos) estas sentenciosas palabras, y tan del caso.

En el cautiverio, y libertad de Santa Madruina conciertan todos, según se ha referido; {Yepes Cent. 4. Ann. de Christo 801, de S. Benito 321, fol. 348.} pero en los años, que esta Santa haya vivido, están encontrados notablemente los Padres Fray Francisco Diago, y Fray Antonio Vicente Domenco, de quienes, como he dicho, saqué la Historia, que queda ya referida. Fray Antonio Vicente quiere, que Santa Madruina fuese la primera Abadesa de este Convento (en Cataluña) puesta por Ludovico Pío, que alcanzó los tiempos del Conde Don Borrel; y que siendo llevada presa a Mallorca, volviendo a su Monasterio, murió, teniendo más de 200 años de edad: Fray Francisco Diago va por diferente camino, y mejor, afirmando, que no fue Santa Madruina la primera Abadesa del Monasterio, ni vivió tantos años, como cuenta Fray Antonio Vicente. Todos estos Autores (nótese) dicen, que lo sacan de los Archivos, y de los libros antiguos, y códices viejos, y a todos los creo, porque muchas fábulas están escritas en libros antiquísimos, y tenidos por auténticos. Y así no es todo oro lo que reluce; ni lo que se lee en escrituras de Archivos se ha de tener por cierto, si no es corrigiéndolo, y censurándolo con otras Historias, y con la correspondencia de los tiempos. Y así (concluye dicho Yepes) tengo por Historia errada, y de las muy fabulosas, el dar a Santa Madruina más de 200 años de vida, &c.

Si a estas reglas se ajustasen los Historiadores, bien cierto es, que no habría tantos, y tan encontrados pareceres, como cada día vemos, así en los Extranjeros, como en nuestros Españoles. Cada uno juzga por ciertos, e indubitables sus códices; pero es necesario acordarse, que fueron hombres los que los escribieron; {El Card. Bar. ubi sup. cap. 2, fol. 2.} y que a fuer de tales, pudieron errar, y que en muchas cosas erraron, o por ignorancia, olvido, inadvertencia, o poco examen, y acaso por pasión nativa, o por malicia manifiesta.

Vamos a los más antiguos, y veremos yerros harto crasos, y intolerables; y sin embargo, veo Autores tan adheridos a sus sentencias, como si estas fueran infalibles. El R. P. Fr. Juan de Pineda, en el segundo Volumen de la Primera Parte, impresión de Barcelona del año de 1594, tratando de Numancia, dice lo siguiente. {Pineda en su Monarquia Eccles. I. part. lib. 9, cap 15.} Del pueblo de Numancia, dice Apiano, que estuvo en sitio arduo, y desgarrado, y en medio de los Ríos, Duero, y Tera, y rodeado de montes de mucha maleza; y que por sola la parte oriental declinaba hacia lo llano, y que por allí tenía hondas cavas, y altos vallados con muchas estacadas, trabadas reciamente unas con otras. Y el decir Floro, que ni tenía Torres, ni Muros fuertes, no es conforme a razón. Numancia fue de la Celtiberia, {Ptolom. lib. 2, cap. 6, tab. 2. Europae. Plin. lib. 3. cap. 3. & lib. 4. cap. 20.} pues dice Ptolomeo, que estaba entre los Arévacos, los cuales, dice Plinio, se llamaron así del Río Areva; y pone estos seis Pueblos principales de ellos: Saguncia, que es Sigüenza: Uxama, que es Osma: Sagovia, que es Aldea de Soria: la nueva, Augusta Termes, y Clunia, que es Cruña, y ella es la postrera de la Celtiberia. Dice más Plinio, que el Río Duero, que es uno de los mayores de España, nace entre [xvi] los Pelendones, junto a Numancia; y los Pelendones se extendían hacia la Rioja; y todos vemos el nacimiento de Duero junto a Soria, en la Sierra de Urbión.

Prosigue Pineda, y dice: {Orosi. lib. 5, cap. 5.} Paulo Orosio, dice, que Numancia fue Pueblo cercano a los vacceos, que son desde Lerma hacia Castilla la Vieja, y a los Cántabros, que son Vizcaya, Guipúzcoa, o Álava. Y bien vemos a Soria casi en medio de Castilla, y de Vizcaya. {Mela lib. 2. cap. 4. Strabon. lib. 1.} Pomponio Mela, con ser Español, como Paulo Orosio, queda más corto, diciendo solamente, que Numancia, y Palencia fueron clarísimas Ciudades en la Provincia Tarraconense. Estrabón, lib. 1, siente con los referidos, que no dista Numancia de Zaragoza más de 25 leguas, y aun no son tantas. Pero Zamora dista más de 60, sin que pongamos en cuenta, que se dice no haber viñas en tierra de Numancia; y en tierra de Zamora, desde Duero hacia Salamanca, se coge mucho vino. Apiano dice muchas cosas falsas, por no haber venido a España; y son, que Duero, junto a Numancia, es tan grande, que andaban por él Barcos con velas; y que Escipión puso Guardas, para que por el mar no entrase socorro en Numancia; lo cual no conviene a Soria, ni a Zamora, que distan mucho del mar. En fin concluyo, diciendo, haber estado Numancia cerca de Soria; y que el señor Rey Don Alfonso el Sabio, y el Sapientísimo Abulense no acertaron en decir, que fue Zamora: ni los Señores Zamoranos prueban lo contrario con el ladrillo, que se halló en Zamora, escrito con el nombre de Numancia; pues escrito, por escrito, más acreditado es el de los Sabios, que el del Tejero, que hizo el ladrillo, y se le antojó escribir aquel nombre.

El mismo Pineda {Pineda, ubi supr. cap. 5.} advierte y dice, que Apiano erró en decir ser Numancia Zamora, como en decir, que Sagunto es Cartagena. Y así, los que sabemos la verdad debemos castrar a los libros de tales errores; en los cuales cayeron los Escritores, no por ignorantes, sino por no poder desde lejos averiguarlo todo.

Pasemos ahora a los Autores modernos, y veremos como por ser Extranjeros cometen varios yerros, y es razón, que en las cosas tocantes a España se miren con reparo; porque según el Proverbio vulgar: Más sabe el necio, &c. Cada uno sabe los rincones de su casa; pero es muy raro el que sabe los que hay en la de su vecino, y menos en la que jamás vio, ni conoció. Doctos fueron los Autores siguientes, y otros Extranjeros, que pudiera citar de varias Naciones; pero sin embargo son intolerables los yerros, que a cerca de nuestras cosas cometen, y conocemos. El R. P. Felipe Labbe, citando a Garibay, Caballero de capa, y espada, nos dice, que fue Obispo de Pamplona. El R. P. Felipe Briecio, insigne en la Geografía, y en la Historia, pone en Aranda de Aragón la Angélica, y Apostólica, Capilla de Nuestra Señora del Pilar, que nadie ignora está, y ha estado desde el principio en Zaragoza. Acerca de estas, y otras cosas semejantes, y trabucaciones de nombres por mala pronunciación, puede ver el curioso los tomos del Doctor Don Fray Domingo de la Ripa, y especialmente el primero de la Corona Real del Pirineo, impreso en Zaragoza el año de 1658. Y asimismo puede ver los libros segundo, y tercero del origen de la lengua Castellana del [xvii] Doctor Bernardino Aldrete, Autor grave de nuestra España, y otros eruditos. {Ripa tom. 1, lib. 1, cap. 12 & 63. Aldret. lib. 2 & 3.}

Entre bastantes opiniones halló el Autor de esta obra ofuscadas la Patria, Región, Naturaleza, Profesión, y otras circunstancias del Glorioso Santo Domingo de la Calzada; pero haciéndose cargo de todo, tomó por especial empeño el aclararlas, y con la grande erudición que se ve, no sólo por ser entonces Canónigo Magistral de su Iglesia, sino también natural del mismo País, y que le tiene muy cursado, como también sus Archivos, que son de los más antiguos, y copiosos de toda España. Juzgo, que el Autor consigue el fin deseado, y la verdad, que se pretende en la Historia de nuestro Santo; mas como es difícil de borrar de los libros más antiguos las sentencias de sus Autores, de ahí resulta quedar en pie muchos engaños para la futurición; y el asir de ellos los Extranjeros, y aun los Naturales, que no han visto lo contrario examinado, y probado con sólidos fundamentos.

No hay inconveniente (aunque siempre debe ser preferida en todo la verdad) en que muchos Pueblos con devota porfía litiguen sobre la posesión de algún Santo Canonizado, o sobre su Patria, Naturaleza, o Reliquias, aunque cada uno afirme tener la posesión. Y la razón es, porque las circunstancias, que no tocan en la Santidad calificada por la Iglesia, admiten disputa; y vemos, que los Romanos Pontífices para la corrección de los Legendarios, y Breviarios, se valen de Varones píos, y eruditos, como expresamente lo dice el Papa Clemente Octavo en su Constitución ya citada por las siguientes palabras {Constit. Clement. VIII. supra relata.}: Quae vero hominum culpa immutata sunt, atque corrupta, & quae recognitionem exigunt, in pristinum statum restituantur, reformentur mandavimus non nullis piis, & eruditis viris, quorum consultatione, & opera in huiusmodi rebus frequenter vtimur, ut idem Breviarium nova adhibita diligentia accuratius inspicerent, atque examinarent, &c. A que añado, que el dicho devoto litigio, bien considerado, cede en mayor culto, y veneración de los mismos Santos. Y es así, porque de mantenerse cada uno de los Pueblos litigantes en su posesión, derecho, y buena fe, de ahí resulta, que se intensa más su culto, y veneración, al paso que son más los acreedores, que no si fuera uno solo.

Para confirmación de esto, y cuan grata es a Dios la devoción, que tienen los Fieles con las Reliquias de los Santos, y el que se extienda, y acreciente su culto, es apoyo singular el siguiente. Refieren el suceso Hector Boecio, Juan Bollando, y el Maestro Fray Antonio de Heredia. {Hector Boecio, Juan Bolland. a 6. de Marco, pág. 449, y Heredia a 27 de Noviembre tomo. 4 de las vidas de los Santos de su Orden Benedictino, pág. 330.} Sucedió, pues, que habiendo muerto San Baltero, Baldredo, o Baltere, en Inglaterra, comenzaron a litigar los vecinos de tres Pueblos, llamados Adhama, Thinnigama, y Pretor, sobre cual de ellos había de llevarse el Cuerpo del Santo: Creció tanto la competencia, que fue preciso se interpusiese el Obispo de la Diócesis para sosegar las partes. Y no pudiendo convencerlos con razones, y viéndolos resueltos a tomar las armas para definir con ellas el litigio: Inspirado de Dios, les mandó a todos suspendiesen la resolución, y que la noche siguiente procurasen velar en oración, y pidiesen a Dios que les diese paz, determinando en el modo, que fuese servido, su contienda. ¡Caso raro! Así lo ejecutaron; y a la mañana, yendo todos al sitio [xviii], donde estaba el Santo Cadáver, con asombro, y admiración de todos, se hallaron tres Cuerpos del mismo Santo puestos en tres féretros, en todo semejantes. Habiendo Dios multiplicado el Cuerpo de este Santo con tan raro milagro, para satisfacer a la piedad, celo, y devoción de los tres Pueblos; de los cuales cada uno llevó, y tomó el suyo, y con eso cesó su competencia.

No sólo trata el Autor de esta obra de Santo Domingo de la Calzada, sino también de otros muchos Santos (aunque con más brevedad) de la Provincia de la Rioja, y de Venerables Santuarios de la Madre de Dios, que la ilustran, ennoblecen, y defienden. Y asimismo nos da varias noticias no vulgares, que merecen aprecio. {Véase a D. José de Pellicer en la Población General de España, de Rodrigo. Mendae Sylva.} Son a la verdad muy cortas las señas que nos dejaron de nuestras cosas de España los Escritores Griegos Herodoto, Estrabón, Ptolomeo, y otros. Y lo mismo los Latinos, Plinio, Solino, Pomponio Mela, y Tito Livio, y otros, que tocaron de paso algunas de nuestras memorias. Los Griegos (excepto Estrabón, que se dilató algo más) apenas hablan de nosotros, sino en cuanto a aquello que conduce a los lustres de los dos Hércules, y a algunos Capitanes, que aportaron por acá después de la destrucción de Troya, y fundaron en nuestras tierras algunas Colonias, o Pueblos. Los Autores Latinos sólo tratan de ordinario de la exaltación, y mayores lustres de las Armas Romanas, que señorearon al principio a España, con vencimiento de las Cartaginesas, y tan de paso, como fueron las marchas de sus Ejércitos. De calidad, que donde no hubo Colonia, o Municipio de Roma, no dejaron noticia aquellas plumas. Así lo observó Pellicer, Cronista insigne de nuestra Nación Española, y lo advierten muchos eruditos Españoles, que en nada deben ceder a los Extranjeros, por más oropel que traigan. {Carrillo en la Introducción al Lector, §. 1. colum. 3.} A cuyo propósito dice el eruditísimo Abad de Monte Aragón Don Martín Carrillo, en la Introducción de sus Anales, impresión del año de 1634. Y aunque en este género hay mucho escrito en latín, y otras lenguas con título de Cronologías, o Sumarios de acaecimientos; pero faltaron sus Autores, que fueron Extranjeros en escribir las cosas de España; y si algunas escribieron, fue con poco acierto, y en desdoro de nuestra Nación. Bien me alegrara, que se hicieran cargo de esto algunos Modernos, que por ostentar alguna singularidad de ingenio, afectan ser contrarios a su misma Nación, para cuyo apoyo andan buscando Extranjeros, que de sus cosas sabrían algo; pero de las nuestras, y caseras, nada, o a lo más lo que han mal glosado, y entendido de las nuestras. La verdad busco, y esta pretendo, advirtiendo, que en punto de tratar verdad, y escribirla, no les exceden los Autores Extranjeros a los Españoles. Y si tal vez apuntan alguna cosa fuera de lo común, es con su grano de sal, y con la modestia, que es connatural al Español.

Cierro este discurso con decir, que la Provincia de la Rioja, de donde fue natural el Glorioso Santo Domingo de la Calzada, nacido, y criado, como lo fueron sus Padres, y mayores, ha sido poco afortunada en esta parte de escribir sus lustres, dignos de memoria sus hijos, habiendo sido muchos, e insignes los que han escrito en todas materias. Por esta causa, [xix] y omisión, encuentro en los Autores fuera de la Rioja muchas cosas, que la pertenecen privativamente. Siempre fue esta Provincia del Reino de Castilla, como dice el Maestro Fray Andrés de Salazar, aunque por algunos años la tuvieron Reyes antiguos de Navarra por vía de dote, o arras de algunas Infantas. {El M. Fr. Andr. de Salaz. en la vida de S. Greg. Obisp. fol. 128.} Y el Padre Juan de Mariana advierte lo mismo, y que los Reyes de Navarra obtuvieron por la misma causa a Tudela, con otros Lugares de esta parte del Ebro hacia la Rioja, siendo siempre línea de división el mismo Ebro entre Castilla, y Navarra. {El M. Ioan de Marian. lib. 1, cap. 4. M. Flor de Ocamp. lib. 1, cap. 3.} El Maestro Florián de Ocampo, Príncipe de la Geografía de España, describiendo los límites del Reino de Navarra, dice así: Los verdaderos límites de este Reino, fueron antiguamente a la parte Oriental las Cumbres de los Pirineos, que los apartan de Francia. Por el lado Occidental, el Río Ebro, que lo divide del Reino de Castilla. A la parte de Mediodía era el Río Aragón, que nace en los Pirineos, cerca de Jaca, y corriendo derecho al través, de Oriente a Poniente entra en el Ebro, enfrente de la Ciudad de Alfaro, a cuatro leguas de Calahorra. Y de aquí es, que ni Tudela, ni Cortes pertenecían antes a Navarra, aunque ahora son de su jurisdicción, porque se las aplicaron a los Reyes de Navarra por cierto doté, y casamiento. En la parte Septentrional corre la línea de división de Navarra, desde los Pirineos de Roncesvalles, por el ramo de Montes, que tira hasta el Lugar de la Población, por espacio de veinte leguas cortas, enfrente de Logroño, Ciudad de Castilla.

Añade más, y dice: Bien es verdad, que andando los tiempos por enojos, y diferencias que hubo entre los Reyes Navarros, y los de Castilla, y Aragón, hubo guerras, y los unos entraron en las tierras de los otros, y se tomaron Lugares, que después se restituyeron, otros se quedaron, y otros se trocaron, o dieron en recompensa de gastos, y daños causados. Por lo cual el día de hoy hayamos aquellas rayas algo confusas, y muy diversas de lo que fueron antiguamente: y tanto, que los Señoríos de Álava, y Guipúzcoa, con otro buen termino de Castilla, quedaron muchos años en el de Navarra: y aun esto no tan sin razón, que gran copia de Crónicas no digan pertenecerle con justo título, con otra buena parte de tierra, hasta cerca de Burgos. Conforme a lo cual hallamos en Nájera sepulturas de les Reyes de Navarra, por haberla poseído algún tiempo contra los Castellanos; pero según escriben los Autores de Castilla, aquello fue por guerras, que entonces había, y no porque perteneciesen al Patrimonio de Navarra, y así no duró mucho aquél Pueblo, ni duraron los otros en este Señorío de los Reyes de Navarra.

Finalmente el mismo Ocampo tratando de la Rioja, dice de ella lo siguiente: {M. Flor. de Ocamp. lib. 1, cap. 6.} No lejos de Ezcaray nace el Río Oja, por el cual una buena parte de tierra, contenida dentro de las vertientes Septentrionales, que se siguen de los Montes Iduvedas, y de las Riberas del Ebro, se dice comúnmente Rioja, Provincia muy abrigada, y muy fértil, llena de grandes abundancias, y bienes. El Padre Juan de Mariana la celebra por muy apacible, y muy fértil, y deliciosa en sus campos. Asimismo la celebra el Maestro Fray Felipe de la Gándara en el tomo de sus Triunfos, y Armas de Galicia. {Mar. lib. 7, cap. 4 & lib. 5, cap. 11. M. Fr. Felip. de la Gand. tratando de la Casa de Oca, lib. 1, cap. 25.} Fuera cosa prolija haber de referir los Autores, que tratan de dicha Provincia, y celebran sus cosas con particulares Elogios; y así dijo bien el Maestro Fray Andrés de Salazar en la Historia de [xx] San Gregorio, Obispo de Ostia, y Cardenal: Ser la Provincia de la Rioja, tan sana, amena, alegre, y regalada, que en nada de esto, ni en nobleza, ni en hijos aventajados en Santidad, letras, y armas, ni en otro algún género de calidad, y excelencia debe reconocer ventaja a otra ninguna Provincia de España. {M. Fr. Andrés de Salazar, cap. 12, fol. 129.} Comúnmente todos la reconocen por la principal porción de la antigua, y celebrada Cantabria, y encuentran en ella (orillas del Ebro) sobre un pequeño cerro de Logroño, las ruinas de su Metrópoli, que aun conserva el nombre de Cantabria. Aquí la sitúan San Braulio, Obispo de Zaragoza en la vida de San Millán de la Cogolla, Florián de Ocampo, Garibay, Mariana, Bivar, Arnaldo Ohyenarto en sus dos Bascuñas, el Padre José Moret en sus Investigaciones de Navarra, el Obispo Sandoval, Fuente en la Conveniencia de las dos Monarquías, Don Fernando Albia de Casto en el Memorial por la Ciudad de Logroño, Poza, Argaiz, y otros muchos. Sobre todo discurre el Autor con piedad, erudición, y ingenio, y todos le debemos dar gracia por su trabajo. Así lo siento, ut supra. En este Real Convento de la Paciencia de Cristo de Capuchinos de Madrid a 4 de Agosto de 1701.

Fr. Mateo de Anguiano.

(José González Tejada, Historia de Santo Domingo de la Calzada, Abrahán de la Rioja, Madrid 1702, páginas [xiii-xx].)

 
Santo Domingo de la Calzada