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Luis de la Vega, Historia de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada (1606)

 

Segunda parte de la historia de santo Domingo de la Calzada

Capítulo II

De las largas limosnas que el Rey don Alonso el VII, Emperador de España, y otros Reyes, hicieron a la iglesia del santo

A la fama grande de los milagros que nuestro santo hacía (de que luego haremos mención) todo el mundo se despoblaba para venir a visitar su sepulcro y santo cuerpo. Llegaron también las nuevas a las orejas del Rey don Alonso el VII, que se intituló, Emperador de España (y mereció serlo por ser [90v] excelente Príncipe). Oyó decir los milagros que Dios obraba por su santo, y determinó venir a visitarlo. Hízolo así, y visitó el santo sepulcro con grande devoción y reverencia: y partiéndose de allí para Haro, que es villa ahora del Condestable de Castilla, tres leguas de la ciudad de la Calzada, detúvose allí algunos días, en los cuales hizo manda y donación al Abad Sancho, de la iglesia de Santo Domingo de la Calzada, de unas tierras, y heredades, que las escrituras antiguas llaman Olgavarte, y ahora llaman Juvarte, dando licencia para que allí pudiesen poblar. Hizo desta donación el Rey sus escrituras, y otorgó sus privilegios en Haro, por el mes de Mayo, el año de mil y ciento y veinte y cinco. Otras muchas rentas y heredades dieron después el mismo Emperador don Alonso, y doña Berenguela su mujer a la iglesia del santo, como consta de las escrituras, y privilegios antiguos, que están en los archivos de aquella santa iglesia, adonde se halla haber dado estos devotos Príncipes, muchas rentas a la iglesia del santo, dándolas en su nombre, [91r] al Obispo don Sancho, de Calahorra, y al Abad Domingo y sus hermanos ministros de la iglesia de santo Domingo de la Calzada. La data destos privilegios y escrituras es en principio de Noviembre, de año de mil y ciento y treinta y siete.

Del tenor del primer privilegio que dijimos haber concedido el Emperador, estando en Haro, se colige claramente lo que dijimos al fin del capítulo pasado, de que dentro de muy pocos años después de la muerte del santo llegó su iglesia del Salvador a ser iglesia de autoridad, y célebre santuario: pues conforme a la data de aquel privilegio, no había aún quince años que era muerto el santo, y ya su iglesia tenía Abad, a quien se hizo aquella donación. También de allí se colige, que al mismo tiempo estaba ya poblada parte de la ciudad que ahora es, porque en la misma escritura se dice, que un noble caballero, que gobernaba y tenía en creencia la ciudad de Nájera, por el Emperador don Alonso, fundaba entonces y edificaba el pueblo de santo Domingo de la Calzada.

Otros Reyes de Castilla [91v] hicieron también después grandes mercedes a la iglesia del santo, señaladamente el Rey don Alonso el VIII y el IX. Con esto fortificaban sus Reinos aquellos esclarecidos Príncipes, y con esto alcanzaban tantas victorias, y conquistaban tantos Reinos: dotaban iglesias, fundaban Monasterios, sustentaba los Eclesiásticos, y Religiosos, con lo cual se tenían por más seguros, que con muchos fuertes y gentes de guarnición: y bien mirado, no es pequeña fortificación de los Reinos, estar muy poblados de gente Eclesiástica, particularmente de Religiosos, que no son gente inútil (como los herejes piensan) sino los que tienen a su cargo aplacar a Dios, y hacer al pueblo Religioso, y pío, obediente a su Rey, y detenido en sus vicios, de donde procede la paz y la conservación de las Repúblicas: lo uno hacen con sacrificios y oraciones, y asistencia al culto divino, y lo otro con su doctrina, y ejemplo: y cuando las Religiones faltan, falta todo, como la experiencia ha mostrado llanamente en otras provincias, a gran costa y daño [92r] de sus naturales. Bien debía de haber caído en la cuenta desto el Emperador Honorio, pues en una carta que escribe a su hermano Arcadio, consorte del Imperio, encargándole que honrase mucho los Eclesiásticos, concluye con estas palabras formales {Toda esta carta de Honorio trae el Cardenal Baronio en el tomo 5, pág. 260}:

Certus & ipsum Imperium nostrum, & ruere, & stare precibus sacerdotum.

Quiere decir: Ten por cierto, que no solo otras cosas mas nuestro Imperio, anda al paso de las oraciones de los sacerdotes, de las cuales cuelgan sus prosperidades, y su ruina. Esto es lo que dice aquel tan Cristiano Emperador. Y así los Reyes y Príncipes Cristianos, que han gobernado bien sus Reinos, dejando en el mundo fama de grandes Príncipes, todos se preciaron siempre de estimar mucho, y acariciar el estado Eclesiástico, y señaladamente las Religiones, y Religiosos. Todos les labraron casas, edificaron iglesias, hicieron Monasterios, y repartieron con ellos de sus rentas y tesoros, teniendo por santa granjería dar su hacienda a Dios por esta vía como a logro.

Este estilo guardaron Constantino, [92v] y Teodosio, y los otros Católicos Emperadores de Constantinopla y Alemania. Y fuera de lo que sabemos y leemos de los santos Reyes, que ha tenido Francia, Inglaterra, Hungría, Sicilia, Nápoles, Bohemia, y Escocia (que no son pocos) son muchos, y muy buenos testigos desta verdad, los más Monasterios de nuestra España, que antes de destruida por los Moros, y después de ganada, no tienen otros fundadores sino sus Reyes.

Con este espíritu quiso el Católico Rey don Felipe II, deste nombre, raro ejemplo de virtud, y celo la honra de Dios en todo el mundo, con este espíritu (digo que quiso en nuestros días) honrar al Ilustrísimo Mártir Español nuestro Lorenzo, y favorecer y acariciar la Religión sagrada de mi glorioso Padre san Jerónimo, con fabricar para ella, con título de san Lorenzo, uno de los más suntuosos y célebres Monasterios, que jamás en el mundo ha tenido. Todo él está lleno de sus grandezas, y todos saben las muchas que allí amontonó aquel [93r] devotísimo Príncipe, pareciéndole que todo era poco para servicio de aquella soberana Majestad, de cuyas dadivosas manos había él recibido la suya.

Y así por esto no quiero cansar más al lector en este punto: y volviendo al que dejamos, digo: que los Reyes de Castilla, particularmente los tres Alonsos, que hemos dicho, favorecieron con larga mano en la fábrica y edificio de la iglesia de nuestro santo, la cual estuvo siempre debajo de la jurisdicción de los Obispos de Calahorra, como consta por un privilegio que tiene aquella santa iglesia, del Rey don Alonso el IX, su data en Palencia, el año de mil y ciento y setenta y dos, en que hace donación a don Rodrigo, Obispo de Calahorra, y a Pedro Abad de la iglesia de santo Domingo, y a los clérigos que en ella sirven, de unas tierras y heredades que allí las llaman Vallorcanos.

(Luis de la Vega, Historia de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada, Burgos 1606, páginas 90r-93r.)

 
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