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Luis de la Vega, Historia de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada (1606)

 

Segunda parte de la historia de santo Domingo de la Calzada

Capítulo primero

De los prósperos principios y aumento, que comenzó a tener la última iglesia del Salvador que el santo había edificado

Luego que el bienaventurado Confesor santo Domingo pasó de esta vida a la eterna, como arriba queda dicho, comenzó Dios a honrarle de tal suerte con milagros raros y prodigiosos, que mostraban bien el encumbrado asiento de que allá gozaba, y la singular privanza que con su Rey tenía. No sólo hace Dios crecidas mercedes a los santos en la bienaventuranza eterna, cuando se van a gozarla, sino que también quiere honrarlos y autorizarlos en la tierra, [89r] no mientras viven, cuando la honra temporal les puede ser dañosa, sino después de muertos, cuando al seguro pueden recibirla.

Disimula de ordinario en esta vida con la reputación de los suyos, pero cuando de aquí parten, quiere que el mundo todo se incline a reverenciar y honrar sus cuerpos muertos, sus huesos secos, la tierra y el polvo en que se deshicieron, los sepulcros donde se enterraron, los andrajos que vistieron, los zapatos que calzaron, y el cayado a que se arrimaron: y que esto sea venerado y tenido en más, y con más razón, que las personas vivas de los Reyes, y Príncipes de la tierra: a tan buen Señor sirven, siendo esto lo menos, o por mejor decir, la nada, respecto del premio que les da.

Así le aconteció a nuestro santo, que después de muerto comenzó a ilustrar el Señor, y engrandecer aquel humilde sepulcro, en que había dejado en depósito su sagrado cuerpo, con tantos y tan ilustres milagros, que de todo el mundo acudían a honrarlo, y venerarlo, como archivo y relicario en que [89v] estaba guardado el cuerpo que cuando vivo lo había sido de Dios, y de su divina gracia.

Comenzaron tras esto los que venían a visitar el santo cuerpo, obligados de las mercedes que de Dios por medio de su santo recibían, a dar tan largas limosnas, que ellas solas bastaron a poner aquella pobre iglesia, que el santo había edificado, y el humilde sepulcro en que se había enterrado, en la majestad y grandeza que ahora lo vemos.

Ya arriba queda dicho, como don Pedro de Nazar Obispo de Calahorra, vino a consagrar la iglesia del Salvador, que santo Domingo había edificado. También vimos como por haber visto el milagro que Dios con él había usado, dándole aquella larga enfermedad, y sanándole después en tratando de obedecer al santo, no sólo consagró la iglesia, sino que fundó allí una cofradía, en la cual se hizo él mismo cofrade, dando para ella largas limosnas a la iglesia del santo. No paró esto aquí, sino que creciendo cada día en él la devoción que a santo Domingo tenía, todo lo que le duró la vida, acudía siempre con la más limosna [90r] que podía, y entre otras muchas, hizo donación aquella iglesia, de los réditos y rentas de un lugar que estaba cerca de donde ahora es el lugar de la Calzada, llamado Pino de Yuso.

Con estos tan prósperos principios, fue creciendo tan aprisa la iglesia del glorioso santo, que dentro de muy pocos años (como adelante veremos) era ya iglesia de autoridad, y estaba ya poblada gran parte de la ciudad.

(Luis de la Vega, Historia de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada, Burgos 1606, páginas 88v-90r.)

 
Santo Domingo de la Calzada