Temeroso de parecer un ingenuo practicante de una disciplina «en camino hacia la ciencia normal» (Kuhn, 1962), encandilado por la retórica triunfalista de los sistemistas –parafraseando a Hidalgo, 1978, p. 63–, me apresuraré a proclamar con Laszlo (1974) que no considero la Teoría General de Sistemas (TGS) como una teoría de los sistemas generales (véanse las observaciones de este autor sobre la confusión semántica entre ambas expresiones), ni como una metateoría, contrariamente a la opinión de numerosos «generalistas». Más bien creo en la TGS como el germen de una ciencia especializada en el estudio de la organización y la complejidad, cuya misión consistiría en operar sobre los hallazgos de las disciplinas que tratan problemas de esta clase en sus ámbitos respectivos, para desarrollar métodos y técnicas de análisis de las organizaciones complejas, que puedan ser empleados en las ciencias particulares.
De hecho, la TGS es hoy un compendio de teorías de sistemas especiales, que incluye las relativas a los sistemas cibernéticos, matemáticos, biológicos, de información, sociales, psicológicos, políticos, de organización y gestión empresarial, entre otros.
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Fundación Gustavo Bueno